
En su película "Lucía y el sexo", Julio Medem explica que Formentera no es, en realidad, una isla, es una barca. Ese trozo de tierra en medio del Mediterráneo presenta tantas cuevas en su base que es difícil creer que esté unida al fondo marino.
A mí me recuerda a la luna, pero con mucho mejor rollo. Todo parece premeditadamente colocado para que te pierdas. Y quizás para que te encuentres. Tengo buen sentido de la orientación y sin embargo, a menudo, no sé si estoy caminando hacia levante y o hacia poniente. Desde el aire, Formentera parece la cabeza de un dragón, sólo podía ser de esa forma.
Por aquí pasaron extraterrestres antes. Hay un lugar llamado la plataforma, que originalmente pudo ser un punto de encuentro de viajeros espirales. Si os gusta el buceo, podéis visitar este lugar, hundido a unos 30 metros de profundidad, en el extremo norte de la isla.
Como dice Lorenzo, el protagonista de "Lucía y el sexo", esta barca es como un cuento lleno de ventajas. La película de Medem, además de ser una buena historia, recoge pequeñas historias unidas por Formentera. Una mezcla de soledad y encuentros iniciáticos. Puedes continuar el cuento donde más te guste.







